Cada vez más adultos mayores están eligiendo el yoga por sobre otras formas de ejercicio, y no se trata de una moda pasajera. Según un análisis publicado por Infobae a comienzos de marzo, esta disciplina se está consolidando como una de las prácticas predilectas dentro de la llamada generación silver, gracias a los beneficios que ofrece en tres frentes simultáneos: la movilidad física, la prevención de lesiones y el bienestar emocional.
El fenómeno no es casual. Su creciente popularidad viene acompañada del respaldo de instituciones de salud y organismos internacionales. La propia Organización Mundial de la Salud entre ellos recomienda activamente integrar el yoga dentro de las rutinas de envejecimiento activo. A diferencia de otras actividades físicas, el yoga permite ajustar cada postura al nivel de movilidad de cada persona, lo que lo vuelve especialmente accesible para quienes recién comienzan a hacer ejercicio después de los sesenta o los setenta años.
Detrás de esta preferencia hay algo más profundo que la búsqueda de flexibilidad: para gran parte de esta generación, el yoga se transformó en una herramienta concreta para sostener la autonomía personal y la calidad de vida durante la vejez, dos preocupaciones centrales a medida que aumenta la esperanza de vida a nivel global. Lejos de ser vista como una actividad "de relajación" únicamente, hoy se la entiende cada vez más como una estrategia preventiva de salud a largo plazo.